viernes 23 de diciembre de 2011

Con John Holloway, contra el anarquismo de Estado


«El capital invita constantemente a los que se oponen a él a meterse en su terreno de organización. Araña inteligente... Si se oponen a nosotros, organicen un partido para ganar el control del Estado por la elección; si no pueden hacer esto, organicen un ejército para vencernos y ganar el control del Estado por esa vía; si eso es demasiado extremo para ustedes, pueden organizar una ONG y ayudarnos en el proceso de formación de políticas.


La existencia de la política capitalista es una invitación para hacer nuestra lucha simétrica a la lucha del capital. Esto es realista, nos dicen: el poder capitalista se organiza de esta forma y para vencerlo tenemos que adoptar sus métodos. Pero una vez que aceptamos la invitación, hemos perdido la lucha antes de empezar. Las formas capitalistas no son neutrales. Son formas fetichizadas y fetichizantes: formas que niegan nuestro hacer, formas que tratan a las relaciones sociales como cosas, formas que imponen estructuras jerárquicas, formas que hacen imposible expresar nuestro simple rechazo, nuestro NO al capitalismo.


¿Qué es lo que ha logrado la lucha por el poder en los últimos cien años? La opresión miserable de la Unión Soviética, la corrupción de los gobiernos socialdemócratas, los millones de cadáveres de los movimientos de liberación nacional. ¿Qué más? La amargura y la desilusión en todo el mundo. Por eso se está buscando ahora formas de lucha que evitan a propósito las 'imprescindibles mediaciones políticas', formas de lucha que son orientadas no a la toma del poder sino a la disolución del poder.


Nunca fue tan obvio que el capitalismo es un desastre y que no es disparatado pensar que de seguir así esto podría fácilmente llevarnos a la aniquilación humana. Por otro lado, me parece que los intentos de cambiar la sociedad a través del Estado o de la toma del poder estatal han fracasado, tanto en sus formas revolucionarias como en sus formas reformistas. Entonces, creo que la única opción que tenemos es replantear el cambio social radical de otra manera: a través de una forma que no vincule la revolución con la toma del aparato estatal, sino que plantee, precisamente, cómo cambiar el mundo sin tomar el poder. Y esto implica replantear el significado del poder, el significado del pensamiento revolucionario y de la tradición marxista.


La lucha en contra del capital es una lucha en contra del proceso de separación que es el capital: el proceso de separar lo hecho del hacer, la riqueza que creamos de nosotros, la subjetividad y la dignidad de nosotros. La lucha por la dignidad es la lucha en contra de la separación, la lucha para (re)unir lo que separa el capital, la lucha por otra forma de hacer, otra forma de relacionarnos el uno con el otro, como sujetos activos, como hacedores. La lucha por la dignidad es la lucha para emancipar el hacer del ser, la lucha para hacer explícito el flujo social del hacer. La lucha por la dignidad es la lucha para crear una sociedad basada en el reconocimiento de la dignidad, en lugar de una basada en la negación de la dignidad.


En cada momento, el Estado se ofrece como respuesta a nuestras preguntas. El Estado dice: ‘Vengan a mí, organícense a través de mí, yo no soy el capital. Yo puedo dar la base para otra organización de la sociedad’. Pero es una mentira, un truco. El Estado sí es el capital, una forma del capital. El Estado es una forma de relaciones sociales específicamente capitalista. Ese Estado está tan fuertemente integrado a la red global de relaciones capitalistas que no hay forma de construir una socialidad anticapitalista a través del Estado, sea cual sea el partido que ocupe el gobierno. El Estado nos impone las relaciones jerárquicas que no queremos; el Estado nos dice que tenemos que ser realistas y aceptar la lógica capitalista y los cálculos del poder, cuando sabemos muy bien que no queremos esta lógica y estos cálculos. El Estado dice que resolverá nuestros problemas, ya que nosotros no lo podemos hacer, nos reduce a víctimas, niega nuestra subjetividad. El Estado es una forma de reconciliar nuestras luchas con la dominación del capital, pero no se dejan reconciliar. El camino estatal no es el camino de la dignidad.»


Otros, como Chomsky, lo ven de otra forma...





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